“Allí donde el filósofo pierde el aliento, ella [Lispector] continúa, más lejos todavía, más allá de todo saber.» Hélène Cixous

“Toda pasión es una ceremonia de despedida y, al mismo tiempo, un renacimiento”. » Luiz Fernando Carvalho

Llevar la novela de Clarice Lispector al cine o al teatro no es sencillo y, sin embargo, es una de las autoras más visitadas por realizadores de ambas disciplinas [i]. La dificultad nace de que, más allá de la crisis existencial de la protagonista, lo que acontece son puras cavilaciones; pura filosofía, si se quiere. Mucho texto que necesariamente -pero no únicamente- hay que traspasar a la pantalla o el escenario en un despliegue verbal que podría ir contra la esencia misma del cine o el teatro. Podría, pero no en las manos de Carvalho, quien ha convertido la novela en una pieza maravillosamente cinematográfica. Una joya, si uno logra traspasar esa primera extrañeza que provoca un relato de aspect ratio de 1,33:1, con absolutos primeros planos y una espesura de palabra -y, a veces también de imagen- que es necesario atravesar.